
-Casos de secuestro relacionados con La Línea
-Carreteras regionales en el informe de Claudia
-Carga 167 mil en deuda cada chihuahuense
-Mercado de bonos arrastran al fango
El secuestro es un delito que crispa los nervios. Asusta en el menor de los casos; enluta y arruina familias en el peor. Ha sufrido Ciudad Juárez ese flagelo con frecuencia por más que las corporaciones policiales, vale reconocerlo, lo combaten con intensidad.
Ese delito es hoy por hoy una amenaza real, latente, que convirtió generalizadamente en víctimas a migrantes pero que ha alcanzado de manera fatal a familias juarenses, como el caso ocurrido el domingo.
Fue cruelmente asesinado un padre de familia, vendedor de carros en TetosCars, cuando se dirigía a un culto religioso. Tres individuos pretendieron secuestrar a su hijo. Evitó el hombre el rapto, pero fue privado de la vida a balazos en la colonia Fray García de san Francisco.
Son varios ya los secuestros registrados de esa naturaleza. Investigadores policiacos han logrados establecer la participación de grupos delictivos como los Mexicles y La Empresa, pero esta vez fueron detenidos tres hombres miembros de La Línea (727, sus claves en los teléfonos), cuyos jefes presumiblemente tienen prohibido el secuestro.
Apenas el 25 de agosto fue abandonado en Jardines de Aragón el cuerpo encobijado de César E. Hernández Hernández, así fue identificado por los policías, y junto a él una cartulina contra secuestradores y extorsionadores firmada por el Grupo Especial Delta, una facción de La Línea.
Ese mismo día, detectives de la policía estatal dieron seguimiento en cámaras de vigilancia al vehículo utilizado para tirar el cadáver, lo hallaron en la Colonia Chihuahua, detuvieron a Jesús Roberto Z. F., quien ofreció infructuosamente más de 100 mil pesos para no ser arrestado, aunque luego fue liberado porque no pudieron los ministerios públicos relacionarlo con la muerte del encobijado.
El dato es relevante, una supuesta peligrosa facción de La Línea metida también en el secuestro haría crecer exponencialmente este delito y pondría en peligro a mayor cantidad de juarenses.
El reto sigue siendo grande para las corporaciones de seguridad.
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En el segundo informe de la presidenta Claudia Shienbaum, Chihuahua tuvo una presencia discreta, apenas dos referencias directas en un mensaje que recorrió buena parte de la agenda nacional.
Esas menciones presidenciales no fueron por la política en ausencia que hizo la gobernadora, Maru Campos, sino por un elemento en común que destacó en el informe, el de la infraestructura carretera.
Sheinbaum Pardo habló del tramo Bavispe-Nuevo Casas Grandes, ya terminado, y del proyecto carretero Guaymas-Chihuahua, todavía en proceso y planeado para concluir en 2029.
No son dos obras aisladas en el mapa, sino que forman parte de una misma lógica de acercar el noroeste mexicano a la frontera y hacer más eficiente la conexión con Estados Unidos.
La carretera de Bavispe conecta Sonora con Chihuahua y permite reducir de manera importante los tiempos de traslado en esa zona serrana. Pero, además de resolver una necesidad regional, el Gobierno Federal la ha presentado como una vía estratégica para fortalecer la conexión comercial hacia Texas.
La segunda tiene una ambición todavía mayor. La Guaymas-Chihuahua pretende establecer una ruta que lleve la actividad del puerto sonorense hacia el interior del estado y, finalmente, hacia la frontera.
Si se observa el mapa completo, no se trata únicamente de pavimento sino de logística. Es tema de la mayor importancia porque mientras buena parte de la discusión pública se concentra en seguridad, agua, inversión, empleos o relación con la Federación, el mundo empresarial requiere soluciones en el corto y el largo plazo para mover mercancías más rápido, a menor costo y con mayor certeza hacia el mercado estadounidense.
Son buenas noticias las que anunció Sheinbaum, más si se entienden en la complejidad de un plan de desarrollo nacional.
El problema es que reclamos añejos no han sido atendidos, como la condición de las carreteras actuales, precisamente, que son un riesgo para la vida de los automovilistas. Nomás veamos la de aquí pegado, la carretera Juárez-Chihuahua, donde lo único nuevo son los fastidiosos y peligrosos retenes cholos-madrinas de la FGR.
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Mientras la narrativa oficial federal presume sobriedad presupuestaria, el cálculo per cápita de los pasivos cuenta una historia sustancialmente distinta, incluso comparada con la deuda estatal.
En 2018, la cuota parte de la deuda federal que le correspondía formalmente a cada mexicano se ubicaba en torno a los 88 mil 500 pesos.
Ocho años después, el informe financiero de la Secretaría de Hacienda refleja un salto hacia los 154 mil 650 pesos per cápita.
Un incremento superior al 74 por ciento nominal (32.6 por ciento real), producto de un endeudamiento acumulado que sobrepasó los 20 billones de pesos
El contraste local revela que, en el mismo periodo, la deuda pública del Estado de Chihuahua pasó de una presión per cápita de 13 mil 370 pesos en 2018 a situarse en 12 mil 870 pesos.
Aunque las finanzas locales enfrentan sus propios retos de refinanciamiento y servicio de pasivos, la métrica muestra una contención de la deuda directa por habitante.
Mientras a nivel estatal hay rigor impuesto por la Ley de Disciplina Financiera y los semáforos de alerta de la SHCP, en el ámbito federal parece haber manga ancha en materia de deuda.
Cada chihuahuense hoy «debe» más de 167 mil pesos -contra 101 mil en 2018- al consolidar ambos niveles de gobierno. De esa suma, el 92 por ciento corresponde a la factura federal.
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No se puede decir que será insostenible, porque para eso están los contribuyentes tanto en México como en Estados Unidos, pero sí puede afirmarse que será muy doloroso sostener el ritmo de las tasas de interés, con la inercia que llevan.
Ayer, Japón, Estados Unidos, México y muchos países, vieron incrementadas sus tasas de interés en los bonos a 10 años, producto del conflicto que la primera potencia del mundo mantiene abierto con Irán.
La lógica es la siguiente, para intentar simplificar algo que de por sí es complicado: Estados Unidos alborota el avispero, hay respuesta, continúan las agresiones, sube el precio del petróleo y con ello la inflación, inversionistas que prestan dinero no están dispuestos a cobrar dinero devaluado y aumentan las tasas.
En el caso de México, pues a rebanarle más al pastel del presupuesto para pagar más cara la deuda; pero en el caso de Japón, es distinto, este solo país puede arrastrar al mundo a una depresión global por cuestiones de mucho fondo. No hay espacio para explicar tanto.
Y el propio Estados Unidos, igual que Japón, por si solo puede generar un tsunami si las cosas no mejoran pronto. Lo que está sucediendo es tan serio, que el propio presidente Trump ha amenazado con respuesta militar a los países que decidan torpedear sus bonos de deuda.
De ese tamaño es la crisis.
